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Tocando los bajos

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"¡Esto no puede ser verdad!" exclamó excitado Petro Borondi, miembro de la ONG Vulcanógos Por el Mundo. La transcripción de los sonidos recogidas una semana antes del sonar sismólogico VIVA se había logrado gracias al aparato descodificador KATA, conseguido mediante oportunos sobornos al Pentágono.

Magma Ferrina, compañera senti-sísmica de Petro, lo miraba perpleja. Lo primero que pensó fue en una broma pesada de su hombre en el Pentágono, pero enseguida llegó a otra conclusión más creíble, no porque se lo creyera más, sino porque no quería creer lo que estaba oyendo.

"Seguro que nos han jaqueado. Así no se puede trabajar, cuando no es un virus, es un aburrido informático en busca de un titular"

"No lo creo. El KATA y su programa están diseñados para trabajar sin línea, y funciona con batería de litio, precisamente para evitar el pirateo o cualquier interferencia. No es posible lo que dices.

"¿Será una broma del coronel Wikilson?" Preguntó Magma, volviendo a su duda inicial en un intento desesperado por explicar lo inexplicable.

Petro ni contestó. En el silencio del Instituto V.E.O. sede de la ONG, su mutismo se volvió místico. Grabó los sonidos con una grabadora de mano y la metió en una pequeña mochila. Cuando se sentó en su mesa parecía como si esas pequeñas acciones le hubieran quitado 20 años. Respiró profundamente y miró a Magma "Esto no tiene sentido. No se lo podemos decir a nadie. Nos tomarían por locos, ¿Qué coño es esto, Magma? ¿Qué podemos hacer?" "Bórralo todo" contestó con firmeza. "Es lo mejor. Sí, será lo mejor."

Mientras los vulcanólogos, geólogos y demás expertos en terremotos y volcanes, estaban inmersos en analizar los datos que se recibían de los sismógrafos herreños, Petro y Magma, estaban volcados en el análisis de las señales sonoras que habían detectado con el VIVA, la noche del 11 de septiembre. El VIVA estaba considerado un sismógrafo sonoro ultrasensible, sin embargo sus datos no estaban considerados científicamente porque no se había probado su fiabilidad, aunque como sismógrafo era el más sensible del mundo.

Petro volvió a activar el KATA, quería oír la transcripción codificada antes de borrarla definitivamente. Las voces tronaban roncas pero se entendía claramente:

Voz 1.- ¡Iiiccch! ¿Quién anda molestando ahí abajo? ¿Quién osa perturbar mi tranquila existencia?

Voz 2.- Soy yo, mismamente.

Voz 1.- ¡Tu otra vez! Como tengo que decirte que busques otra salida. Aquí no hay sitio para ti, roquillo de nada.

Voz 2.- Tengo que salir ya no puedo esperar más, hace mucho calor aquí abajo. Y no soy un roquillo soy una isla y tu un tapón gordo.

Voz 1.- ¡Ja! Si fueras una isla no te subirías encima de mis faldas, tocándome los bajos fondos. No te dejaré salir por aquí, no insistas.

Voz 2.- Hazme hueco y no te dolerá, necesito tomar aire y que el mar me refresque por tantos años como los que llevo aquí abajo.

Voz 1.- Mira roquillo ya bastante tengo con que mis afortunados habitantes te vean de vez en cuando, te canten y te escriban, incluso te nombre santo y a mí un simple mineral, como para que ahora vengas a salir bajo mis faldas, molestar a mi fauna y flora y quitarme el título de la más joven. ¡Ah, y apártate del Mar de las Calmas! ¿No serás tú el que espantó al mero Pancho?

Voz 2.- ¡Pa'meros estoy yo! Ese Pancho era un tímido que se cansó de tanto flash. Saldré, como debí salir hace millones de años pero tú decidiste taponarme todas las salidas mientras crecías, pero ya se acabó. No quiero seguir siendo un espejismo mientras se me funde el alma. Encontraré hueco, tengo estudiadas tus debilidades y en cuanto pueda me espinto pa'rriba. Y sí, me encanta el mar de Las Calmas, esa es mi debilidad, y como este es mi momento lo aprovecharé, la energía acumulada durante tantos años está lista para abrirse camino entre tus entrañas. Nos veremos pronto y seré la atracción del mundo.

Un rugido de 3,8 grados corta la conversación. Petro borró las pruebas sonoras y salió con Magma del Instituto V.E.O. Llevan una semana en El Hierro, en La Restinga, deambulando de Tecorón a El Julan, con la pequeña mochila a cuesta. Dicen que están esperando a que la isla hable, pero les gustaría gritar ¡San Borondón está a las puertas!.

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