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“Refranero político”

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En los últimos tiempos, los políticos, favorecidos por un clima bonancible, han brotado pujantes, con raíces adherentes y profundas.
Los ciudadanos han comenzado a sufrir los efectos de sus mentiras y codicia desmedidas, sintiendo cercano su vigor maligno y viendo como han acaparado los mejores bancales, los más asoleados e irrigados; los más resguardados de los vientos. Los políticos se han convertido en una casta —palabra que a los que van de progres no les mola un pelo— con privilegios inentendibles y no sorprende que se aferren con garfios de acero para mantenerlos y perpetuarse de por vida en el estatus que han establecido. Muchos ciudadanos se sienten gravemente preocupados y los temen como una plaga que amenaza su supervivencia; pero desconocen los antídotos para controlarlos y mantenerlos a raya. Tan solo conocen y sufren las consecuencias de sus vituperables acciones (1).
(1) Demos por descontado que no queremos generalizar sobre los políticos, pues obviamente suponemos que, en su conjunto, son honrados y eficaces servidores públicos; van estas líneas referidas a los corruptos y desleales con los votantes.
Es imprescindible ocuparse de ellos y de las agrupaciones partidistas. Puesto que en el cuerpo político conviven bacterias necesarias y beneficiosas con otras nocivas y muy perniciosas, será preciso potenciar las condiciones de vida de las primeras y eliminar las otras. Entendiendo que es labor ineludible de aquellas el desenmascaramiento y delación de estas. Ahí empieza la lucha, lucha que no debe darse tregua hasta la total aniquilación de los elementos perturbadores y una vez erradicados, mantener la vigilancia ante posibles cepas.
Mientras se reflexiona seriamente en el problema les propongo, a modo de entretenimiento, revisar y, dado el caso, completar el riquísimo refranero español, ubicando a los políticos en el mismo, ya que por razones inexplicables no se ven reflejados en el saber popular; y esto puede considerarse una injustica o agravio respecto de otras ocupaciones, actividades y realidades sociales. Desconozco el motivo de semejante laguna, si es intencionada o producto de un lapsus; es posible que en nuestra historia social no abundaran tanto como en el presente, porque desmanes, intrigas y deslealtades los ha habido como también las habrá. Simplemente, por aquello de que la jodienda no tiene enmienda; dicho esto en sentido no carnal.
Echando un vistazo al refranero me he topado con algunas sentencias que, como ya queda referido, no vienen referidas a los políticos, pero revelan tanta claridad y transparencia que se me hace posible meterlos en la horma común de otros mortales.
He aquí, algunos; a vuela pluma.
1. Entre político y dinero, pared de piedra y mortero
2. A político que huye, puente de plata
3. Del político me espanto, del pillo no tanto
4. Los necios hacen la fiesta y los políticos la celebran
5. El votante propone, Dios dispone y el político descompone
6. Políticos y locos nunca fueron pocos
7. Abogado, político y doctor cuanto más lejos, mejor
8. No estreches la mano al político villano
9. Huye del mulo por detrás, del perro por delante y del político por todas partes
10. Judío para la mercancía y político para la hipocresía
11. Líbreme Dios del político manso que del bravo ya me libro yo
12. ¿Qué político oyendo toma, no se asoma?
13. Políticos y nueras en las afueras
14. Favor de político y temporal de febrero, poco duradero
15. Al político que no sea de ley, plántalo en lo del rey
16. A político traicionero no le vuelvas el trasero
17. Político prevaricador, una buena cuerda y cuélgalo al sol
18. ¡Ay, Jesús, que el rosario del alcalde no tiene cruz!
19. Si el alcalde corta pinos, ¿qué no harán los vecinos?
20. El político y la mujer, acertar y no escoger
21. En boca de político mentiroso, lo cierto se hace dudoso
22. Político mentirosos, dos veces odioso
23. Por encima de la ley ni el rey

Es tiempo —siempre es tiempo— de reflexionar sobre las personas, y más sobre aquellas que se dedican a la actividad política y, mutatis mutandis, enderezarlas adecuadamente. Hay que definir o redefinir su deontología y límites de manera que la transparencia y ejemplaridad se tornen cegadoras. La política es una actividad noble y necesaria; conviene educar al hombre desde la cuna, en la familia, en las aulas, en foros y asambleas ad hoc, de manera que cuando el ciudadano se integre en la vida adulta, con sus derechos y deberes plenos, las desviaciones constituyan una anécdota, la excepción que confirma una regla de honradez, civismo e intachable comportamiento.
Mas para educar hay que estar educado. Nadie puede sembrar y transmitir valores, cualidades y virtudes si no las ha cosechado con anterioridad, si no sabe de su existencia. Pero en algún punto habrá que empezar. Y sin duda, deberá ser en la elección de los pedagogos. ¿Y quién educa al educador? ¿Quién define y establece los valores que se desean alcanzar y legar a las generaciones venideras? Sin duda, ponderar en su justo medida el valor de las riquezas es un asunto a tratar y no de los menos importantes. Reflexionar sobre el triunfo y la fama de los mediocres es algo que tampoco se debe soslayar, así como el enfoque y la labor formativa —no solo divulgadora y de entretenimiento— de los medios de comunicación. Es un signo de identidad diferenciador —y muy revelador— la manera en que una sociedad se divierte, asume su tiempo de ocio.
Es vital, igualmente, que la generalidad de los humanos cerebrados se involucren en los problemas sociales, asumiendo su cuota de responsabilidad, no mirar para otro lado, dejando que unos pocos resuelvan los problemas colectivos. Decía Anatole France que " la oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza en alguna pared, el ignorante permanece tranquilo en el centro de la estancia." La educación y la curiosidad intelectual harán que nos demos cabezazos; pero de ellos, de sus hematomas dolorosos, se desprenderán las escamas inservibles y emergerá la piel renovada, más apta para afrontar las cambiantes formas de organizar nuestra vida planetaria.
Aunque el yin y el yan —lo bueno y lo menos bueno de nuestra especie— se han batido en las cavernas, en los adarves y en los salones áureos sin tregua y sin resultados definitivos, todavía ignoramos el desenlace final. Ambas fuerzas siguen enfrentadas, sabedoras del equilibrio de sus efectivos. Un descuido en los esfuerzos puede acarrear un resultado catastrófico.
¿Podremos inclinar la báscula con nuestras voluntades o estaremos abocados a desintegrarnos en el filo de una lucha sin fin? Los avances técnicos también han propiciado un refinamiento de las artes de la perfidia y el engaño; la sutileza es de tal calibre que podríamos estar esclavizados sin ser conscientes.
Para concluir, me pregunto, emulando la sentencia de los Proverbios bíblicos: ¿"El político honrado, donde se hallará?" Sin duda, su estima también sobrepasaría a la de las piedras preciosas.

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