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“A alcalde muerto, alcalde puesto”

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“Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible;

los políticos, por hacer lo posible imposible.”

Bertrand Russell (1872-1970)

Es asombrosa, cuando menos, — después de los acontecimientos por todos ya conocidos— la forma en que el ayuntamiento de Valverde ha designado al nuevo alcalde y remodelado la corporación.

Echémosle un vistazo.

En la lista electoral que el Partido Popular presentó a los ciudadanos para las elecciones de 2 011, figuraban en los siete primeros lugares los siguientes candidatos:

1.        Agustín, Padrón Benítez

2.        Francisca Nicanora Casañas Castañeda

3.        Juan Manuel García Casañas

4.        Ohiana Reyes González

5.        Marcelo Padrón Morales

6.        Gualberto Morales Armas

7.         Yameli Padrón Armas

¿Por qué las listan van ordenadas? ¿Es por capricho? ¿Por estética?  En modo alguno. En las elecciones señaladas, el P.P. obtuvo cinco concejales; es decir, obtuvieron credencial los cinco primeros, por ese orden, precisamente; ni más, ni menos. Cuando los electores analizan las listas que los partidos les presentan están valorando las personas que la conforman; aunque, generalmente, no se repara en los nombres que  figuran en los lugares posteriores, siendo suficiente para muchos, el primero, el cabeza de la lista, que es de quien se espera que aglutine la candidatura y consiga los votos deseados. En consecuencia, no se suele votar a la plancha o equipo, sino a quien la lidera; al menos, en bastantes lugares.

 Pero, ¿qué ocurre si el primero dimite, por la causa que sea? En esa circunstancia será la persona que aparece en segundo lugar quien ocupe su puesto, desplazándose —lo que se entiende como correr la lista—  hasta el siguiente lugar —el sexto en este caso —, otorgándole la concejalía vacante.

En la situación que nos ocupa, la señora Casañas Castañeda, debería haber dimitido del cargo que ostentaba —Teniente de Alcalde— y, aceptando su “suerte”,  ser la nueva alcaldesa de Valverde, dirigiendo la corporación siempre que hubiera tenido el apoyo de alguno de los otros partidos o en su caso, en solitario. ¿Qué ocurrió para que no lo hiciera? ¿Sintió pánico repentino? ¿La diezmó el peso de la púrpura? ¿Se vio obligada a agachar la cabeza? No es de recibo, ni se es leal con los votantes, manipular la lista que en su día se presentó a los ciudadanos. El P.P., sus órganos directivos, nada tienen que decidir en este caso, pues bien claro lo tuvieron cuando elaboraron la que presentaron a los votantes. De hecho, suelen darse momentos tensos, cargados de agravios y suspicacias, a la hora de escalafonar la lista, pues cada cual busca encaramarse a los puestos de cabeza. Si ahora no les parece idónea para el cargo la señora Casañas, se tienen que aguantar y refrenar los ímpetus. De lo contrario, prevarican y engañan a los votantes. Los menús que se elaboraron en su momento, no ha lugar para variarlos, aunque surjan otros criterios o intereses, más o menos lógicos, que inviten a modificarlos.

En el caso de que la señora Casañas Castañeda, por las razones que sean, decline el cargo de alcaldesa debe, en lenguaje paladino, dimitir. Así de sencillo. Pero nunca debe el tercero saltar por encima, valga la expresión y, menos aún, permaneciendo la aludida como Teniente de Alcalde y subordinada a alguien que le iba a la zaga en la lista. ¿Por qué, en su día, no rechazó Agustín Padrón la alcaldía en beneficio de Casañas Castañeda? ¿Se hubiera entendido? ¿Hubiera sido correcto ver a Padrón Benítez de Teniente de Alcalde?

Lo hecho constituye una tomadura de pelo y una manifiesta deslealtad. Deslealtad que alcanza a todos los implicados. Es decir, a la señora Casañas Castañeda, por  no respetar el puesto por el que se presentó, amoldarse al directorio del partido, defraudando a los ciudadanos que la votaron; al señor García Casañas, por aceptar la alcaldía, de forma anómala, cuando en puridad le correspondería asumir el cargo de 2º Teniente de Alcalde; al P.P., por exigir o ser connivente con esa componenda; y al partido socialista por apoyarla; —si CC-AHI, no se opuso o se abstuvo, también es cómplice—. Y, finalmente, a doña Yameli Padrón, por ver truncado su derecho a formar parte de la corporación, cuando claramente le corresponde, sin olvidarnos de Marcelo Padrón que podría haber ocupado a una Tenencia de Alcaldía. Aunque, por esta regla de tres, en vez de reclamar la presencia de Yameli Padrón, podrían haber llamado para el puesto de concejal vacante al segundo suplente, por ejemplo. Visto lo visto…

Resumiendo. A mi entender, y para que no queden dudas, si la señora Casañas no acepta el cargo de alcaldesa debería haber dimitido; en ese lugar, la legitimidad amparaba al tercero en la lista, el señor García Casañas, quien con los apoyos necesarios, sería el nuevo alcalde. Y Yameli Padrón Armas, pasaría a ser el edil número cinco por su partido, tras Gualberto Morales. Y si alguno de los interesados no está conforme con los hechos, pero los ha aceptado, se le puede adjudicarse el refrán que dice: “El que está y no está por su gusto, que se joda es justo”.

Cualquier otra opción, es faltar a la responsabilidad ante los ciudadanos. Este hecho da pie para futuros apaños. Y sepa usted, ciudadano responsable, que si vota al que encabeza la lista para alcalde, puede ocurrir que no llegue a verle en el sillón, aunque gane; puede que le vea como concejal raso; y al que va en cuarto lugar, por ejemplo,  se haga con el bastón de mando.

El tiempo lo dirá.

Para concluir, me llama también la atención la disponibilidad para el servicio público, en este caso de los integrantes de la lista de CC-AHI, quienes en una espantada inexplicable y a todo gas, como si el barco hiciera aguas, han tenido que reclamar a la persona que en las listas electorales ¡iba en el puesto noveno! para ocupar la vacante dejada por el cabeza de lista dimitido. ¡Fíjense ustedes! —Aunque, por lo observado, podían haber llamado, en su lugar, verbigracia, al tercer suplente. Ese es el afán de servicio de algunos; para eso se presentan. ¿Dónde están cuando se les reclama? ¿A qué teta han ido a mamar? ¿Para qué se presentaron? ¿Dónde moran Cándido Padrón -ocupa el segundo lugar en la lista-, Sandra Marina Zamora -el número cuatro- Rosa Magaly Castañeda -el seis- y Adolfo Quintero -el siete- cuando su responsabilidad les reclamó para desempeñar función a la que se presentaron? ¿Qué se lo impidió? ¿Acaso están en la cola del paro, subsistiendo a duras penas, mientras realizan cursos de formación a dedicación completa?

Los partidos en el poder no tienen patente de corso para hacer y deshacer a su antojo; son depositarios de la confianza del pueblo y no se les legitima para interpretar la voluntad popular, sino para respetar y ejecutar aquello para lo cual fueron autorizados por el pueblo soberano. De lo contrario, de soberano, nada: ¡Esclavito y bien esclavito!

Escribía el dramaturgo Jardiel Poncela que los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa. Mala es la corrupción, pero mucho peor habituarse a ella, callando como páparos y ocultando la cabeza como estrucios, para no oír los chirridos de las cadenas sobre los adoquines.

¡Que nadie, después, se soliviante!

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