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“Ricos y pobres”

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En los últimos días, en el revuelto patio de nuestra España invertebrada, dos noticias me han llamado la atención.

La primera, aparecida en varios medios de comunicación, informaba de que Iñaki Urdangarín, quien ya no necesita presentación, renueva su contrato laboral con Telefónica, como delegado en Estados Unidos, con unas retribuciones dinerarias que ascienden a 1,5 millones de euros anuales; además, en especie, percibirá 1,2 millones de euros, que servirán para afrontar el alquiler de la vivienda, su decoración, el parque móvil, los escoltas, el servicio doméstico.... En caso de despido — ¡Jesús, qué cosas piensas usted! — Telefónica deberá indemnizarle con 4,5 millones de euros. ¡Qué conocimientos, que responsabilidad, qué esfuerzos mentales, qué estrés..., los de este hombre tan favorecido por su matrimonio morganático! ¡Cuán lejos nos quedamos otros...!

La segunda, conocida de viva voz, me la participa una anciana viuda, quien tiene arrendado a Telefónica, desde hace varios años, un terreno donde la compañía ha instalado unas antenas para telefonía móvil. Por dicho arrendamiento la mujer lleva percibiendo el importe estipulado en el contrato que suscribió, importe que se ha ido actualizando anualmente, en función del IPC. Recientemente le han comunicado telefónicamente que van a revisar la cláusula que afecta a los importes del arrendamiento.

—Y eso qué significa, ¿que me van a pagar más? —pregunta la anciana, con arrugas de inocencia.

Nada de eso. El contrato está vigente hasta 2027, pero eso no es óbice para que Telefónica baje las cuotas de arrendamiento en unos 800 euros anuales. Por cuestiones, ella debe entenderlo así, de la crisis económica.

—Que nos afecta a todos —concluye la alambicada voz de la persona que le da la noticia.

Firmarán un nuevo contrato, con este nuevo importe; en caso de que se oponga, le retirarán las antenas de su finca y buscarán otro emplazamiento.

A la mujer, sobrecogida por los tecnicismos, no se le escapa la coacción. ¡Pero qué puede hacer ella! Es mejor la quijada a quedarse sin nada.

Las consideraciones son simples; por eso, nada añado.

Tan solo, decir que estos manejos de la multinacional, y Telefónica lo es, han traído a mi memoria el quinto acto de la segunda parte de la tragedia de Fausto, de Goethe. Permitan que se lo recuerde. Cercano ya el desenlace de su pacto con Mefistófeles, y habiendo acumulado inmensos bienes, fama y poder, el anciano doctor, desde el amplio balcón del palacio, contempla las obras realizadas en el litoral. Pero sus ojos no se apartan de la cabaña donde vive el anciano matrimonio. Todas las casas y parcelas fueron desalojadas; pero Baucis y Filemón, se negaron a abandonar la suya. Ni siquiera se doblegaron cuando les prometió un terreno mejor y una hermosa vivienda. Ellos no se movieron. Y su tenaz resistencia aflige a Fausto. Mefistófeles lo advierte y le pregunta la causa. Finalmente, el doctor le dice: "Pues ve tú, y me los quitas de delante...". Los ancianos mueren entre las llamas que devora su cabaña.

Iñaki Urdangarín y sus esplendidos pagadores —mutatis mutandis—, desde sus despachos de enmoquetadas altiveces, no son menos perversos. Los dioses, deben saberlo quienes les rezan, suelen dar de lado la pobreza y se alían con los potentados y opulentos. Prometeo además de robarles el fuego, también les robó el dinero. Y es que el dinero hace maravillas, aun en los reinos celestiales; quizá por eso les llaman reinos.

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