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Carta al Ministro del Interior por Luciano Eutimio Armas Morales

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                                   Luciano Eutimio Armas Morales

Hace unos días, una amiga, a quien recientemente le habían puesto una multa de tráfico, me expuso indignada que quería enviarle una carta al Ministro del Interior.

La sanción de 300,€ fue motivada por circular a 61 km. por hora en un tramo de carretera que estaba señalizada con velocidad máxima de 40 km./h.   Me contó toda la historia de la dichosa multa, que en principio era de 900,€ porque faltaba una coma en el escrito, pero que luego de reclamar al Centro de Tratamiento de Denuncias Automatizadas de León, quedó reducida a 300,€.

Le alenté a que escribiera la carta, le hice alguna sugerencia en la redacción de la misma, y le pedí permiso para publicarla. Me dijo que sí, a condición de que conservara su anonimato. Así que, obtenida la pertinente autorización y sin dar su nombre, ahí va la carta:

Excmo. Sr. Jorge Fernández Díaz

Ministro del Interior

Paseo de la Castellana, 5 – MADRID

Excmo. Sr.

Me dirijo a usted, para contarle la peripecia de una ciudadana que ha sido sancionada por el importe de 300€ y creo que retirada de tres puntos del carnet de conducir, por circular a 61 km/h en un tramo de vía que estaba señalizado a 40 km/h

Se trata de una autovía de dos carriles, y le adjunto foto del tramo de la misma, en la que al aproximarse a una curva hay un disco de velocidad máxima 80 km/h, a los treinta metros o así, otro de 60 km/h y a los treinta metros de éste, otro de 40 km/h.

Parece deducirse de la foto que amablemente me enviaron, que al reducir la velocidad de 60 km/h a 40 km/h, me pasé un par de metros y además excedí la velocidad en 1 km/h. ¡Que admirable precisión la del cinemómetro que utilizan!

Pero mire, quiero decirle algo: tengo la licencia de conducir desde hace treinta y un años, y he estado conduciendo diariamente con desplazamientos desde mi domicilio a mi lugar de trabajo con una media de treinta kilómetros diarios por carreteras y vías urbanas, y nunca he tenido no ya un accidente, sino que ni tan siquiera un roce a mi vehículo.

Por el lugar en el que me sancionaron, paso diariamente al menos dos veces desde hace unos quince años, y nunca he tenido el mínimo incidente, ni derrape, ni frenazo brusco, ni en días de lluvia ni en días soleados.

He leído además, en una noticia reciente de prensa, que el sindicato de la Guardia Civil ha denunciado una nueva instrucción de la Dirección General de Tráfico, que castigará a los agentes que no multen lo suficiente quitándoles un complemento salarial de 143,€/mensuales, con lo cual se prima la acción sancionadora, sobre cualquier otra de servicio o auxilio en carretera.

Los admirables principios de la Guardia Civil, fundada con espíritu benemérito y de sacrificio por los demás, actuando con lealtad, disciplina y abnegación para garantizar la protección y auxilio a los ciudadanos, los pervierten de pronto para tratar de convertirlos en una especie de recaudadores.

A esos guardias civiles, gentes de honor que soportan estoicamente la disciplina y acatan órdenes que pueden ser denigrantes, que han estudiado duro, que han soportado destinos peligrosos y aceptan cualquier orden con disciplina militar, resulta que usted les ordena esconderse zafiamente detrás de una maquinita para que, aprovechando el mínimo despiste o demora en la frenada, puedan apropiarse de parte de los ahorros de los ciudadanos, que con tanto esfuerzo y sacrificio han logrado reunir.

Loable me parece la persecución de los conductores que circulen bajo efectos de alcohol o sustancias estupefacientes, de los que circulen de forma temeraria para la seguridad vial y de los que infrinjan claramente las normas de circulación, pero eso de colocar un radar en una autovía por la que se circula a 80km/h para que si freno dos metros más tarde de lo que indica la señal de 40 km/h me envíen la fotografía por correos junto a la sanción, es otra cosa.

Por lo que veo, a ustedes ya no les basta con subir impuestos y rebajar prestaciones a los ciudadanos, sino que además, subvierten la finalidad del noble cuerpo de la Guardia Civil que es la de prestar auxilio y protección al ciudadano, para convertirlos en confiscadores del dinero de estos ciudadanos a los que deben auxiliar y proteger, valiéndose de artimañas y de pervertir el verdadero espíritu de la Ley. Y además, sancionándoles económicamente si no lo hacen.

La verdad, Excmo. Sr. Jorge Fernández Díaz, que a mí no me importa nada que usted sea miembro numerario del Opus Dei, porque respeto todas las creencias religiosas. Ni me importa nada que usted le conceda la Medalla de Oro del Mérito Policial a la Virgen María del Santísimo Amor, si eso le hace feliz, porque simplemente me parece ridículo. Me importa un poco que su ministerio envíe a un grupo de guardias civiles a Lourdes en “comisión de servicio indemnizable y con derecho a dietas” con cargo a los presupuestos, es decir, a costa nuestra. Será para ver si rezándole a la Virgen de Lourdes, hace el milagro de acabar con la corrupción en nuestro país. Digo yo. Pero igual podría enviarles a La Meca. ¿O no?

¿Sabe una cosa, Sr. Ministro? La política siempre me ha resultado algo muy ajeno. Sólo he votado hace muchos años, porque coincidieron unas elecciones con el año que cumplí los dieciocho años y me hacía cierta ilusión. Después me han desencantado, pero he seguido cumpliendo escrupulosamente y con ilusión de servicio, mi deber como funcionaria.

Pero hemos llegado a un punto en que me da asco la política y los políticos. Porque cosas como esta Sr. Ministro, que obliguen a unos nobles guardias civiles a poner multas porque si no les sancionan a ellos, me parece francamente deleznable. Y esto hace que esos políticos me parezcan unos seres despreciables, embaucadores, corruptos y mentirosos. Es inevitable pensar que ustedes ni nos representan ni nos defienden.

¿Y sabe otra cosa, Sr. Ministro? Si esos 150,€ que he pagado, porque al pagarlo en los veinte primeros días me hacían un 50,% de descuento… (¡Gracias Sr. Ministro, muy amable!)… si esos 150,€ que he pagado, decía, sirvieran para que mis hijos tuvieran mejores becas, nosotros tuviéramos mejores prestaciones sociales, y nuestros padres mejores pensiones, pues bueno, lo daba por bien empleado.

Pero lo que más me duele en el fondo, es saber que esos 150,€ quizá irán destinados a que alguno se lo gaste en lujos con una tarjeta negra, otros se lo llevarían a casa crudo en un sobre, otros quizá en trajes de alta costura, en lujosas mansiones, quizá en alguna juerga, y como no, enviando lo que sobre a Andorra o a Suiza para tenerlo bien escondido.

Si en las próximas elecciones, alguien propusiera acabar con este sistema que permite que nos gobierne y nos saquee una pléyade de políticos despreciables, mentirosos y corruptos, votaría por ellos. Pero como sé que nadie lo va a hacer, porque ni aunque lo propusiera lo conseguiría, me quedaré en casa sin votar. Mi voto no tendría utilidad alguna.

Atentamente,

                                 María González Peñate

No es este el nombre verdadero de la autora, por supuesto, que me pidió conservar el anonimato. Así que, sin quitar ni añadir comentario, porque creo que la carta es muy elocuente y representativa del ánimo de algunos ciudadanos, aquí queda a la consideración de los estimados lectores.

 

 

 

Luciano Eutimio Armas Morales

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