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UNOS MUY TRISTES DESPOJOS. LA OPINIÓN DE UN TRANSEÚNTE PARA EL HIERRO DIGITAL por RAFAEL ZAMORA MÉNDEZ

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Constituir muchas cosas buenas, es bastante aceptable, pero... en absoluto, para nada nos aprovecharíamos de ellas, si no realizamos las que necesariamente tendríamos que hacer.

Si con solidez, no amamos la VERDAD, nos será radicalmente inaceptable el poder reconocerla, porque, por mera dejadez, ponemos en eminente peligro a la propia REALIDAD y al respetable BIEN.

SABIO es el firme encadenado a la SINCERIDAD, con mayúscula.

Por otra parte, subestimar el error es subestimar la ecuánime EXACTITUD.

El error y el odio semejan vida. Pero son plañidera muerte a la AUTENTICIDAD y al AMOR.

Existen unas morrocotudas cantidades de VERDADES que, por temerosa cobardía, falta de apego, de simples erróneos sentimientos, ridículamente, acostumbramos tratar de ocultarlas, horriblemente silenciarlas y...lo que resulta muchísimo peor, ¡hasta la chiflada insensatez de llegar a olvidarnos íntegramente de todas ellas, dándoles por completo las espaldas, haciéndonos los sonados locos, sombríos ciegos y sigilosos mudos!

El consabido RESPETO, las deslumbrantes NOCIONES HISTÓRICAS y, hasta la propia acreditada DIGNIDAD, suelen ser mezquinamente mancilladas en profusos lugares, centrales y apartados rincones de nuestra aturdida Patria, la que, en ingeniosa frase para cada uno de sus nativos, el penetrante Pemán, les definía con aquello de "TODOS LOS ESPAÑOLES TIENEN LAS MANOS MANCHADAS DE BARRO, DE TANTO FABRICAR MUNDOS".

Y este ideológico preámbulo, viene meramente a jácara, porque, hace unos días, transitando por una amplia y popular vía santacrucera, de nombre "ISLAS CANARIAS," (ANTERIORMENTE, llanamente acreditada como, "GENERAL MOLA"), he aquí que, enfrente mismo de una muy servicial Farmacia, permanentemente abierta las 24 horas del centrado día, en un señalado local, en el
que, según me han confirmado, sigue funcionando un visitado BINGO, en el indecoroso y alto balcón del mismo espacioso edificio, en su frontispicio principal, circulan, como "luciéndose" galantemente, unas despedazadas banderas, hispánicas y canarias que, por su escandalosa negra mugre y llamativo despilfarro desdeñoso, a cualquier bien formado transeúnte, debería de causarle una de las más auténticas vergüenzas propias y ajenas.

¿Es que en SANTA CRUZ DE TENERIFE, no hay puntuales, atentas, responsables, votadas y bien remuneradas dignas Autoridades, que puedan estar al corriente de estas tan visibles exposiciones para que, en un santiamén, fácilmente, logren ponerle remedio y, si es preciso, hasta de llamarles la severa atención o sancionar como es debido a los que tienen la intolerante procacidad, el desmedido descaro, la gran fachadota e insubordinado albedrío de estar bonitamente ejecutándolas?

¿Es que nadie se ha fijado en este destacado rincón y, en otros muchos, en los que, ciertamente, sucede potencialmente lo mismo?

¡Cual despedazados indecorosos pellejos telares, campantemente serpenteando a los cuatro vientos, perennemente envueltos en polvorosas panzas de tropical burro, gimoteando en desencajados jirones, cínicamente, ofrecen el más amargado de los desagradables aspectos visuales, totalmente rechazables para cualquiera que, a capa y espada, sepa querer defender como es debido y corresponde, con el más decoroso de los honorables decoros patrios!

Banderas mías rendidas
que, en muchos sitios lucieran
¡Parecen todas perdidas,
por encontrarse raídas,
radicalmente abatidas
y, a la vista de cualquiera!

Nuestros símbolos sagrados,
desde la cuna queridos,
con nuestros cinco sentidos,
están siendo pisoteados,
casi, casi, ya olvidados
y, plenariamente, heridos.

¡Cuando, estando en tierra extraña.,
el rojo y gualda veía,
algo muy grande sentía,
la sangre se me encendía,
y el corazón me latía, pensando solo en España!

Reconquistemos valores,
siempre que sean perfectos,
¡Ya bien sabemos, señores
que, existiendo mal de amores
somos flojos españoles,
apartando los defectos.

Nuestro humillado Pendón,
no se cansa de exclamar:
¡TENGO SOBRADA RAZÓN,
PARA LLORAR LA TRAICIÓN,
DE NO FIJAR PABELLÓN,
EN MI PROPIO GIBRALTAR!

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