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En cualquier obra pública nos encontramos con un cartel bien claro en el que se explica quién construye, cuándo se inicia la obra y cuándo se finaliza. La mayoría de las veces también aparece el presupuesto de la obra en el cartel, indicando hasta el último céntimo. A ver, por poner un ejemplo: 125.345,53 €. ¡Simplemente ridículo! Pero las reglas son las reglas.

Y los carteles ahí se quedan, las obras acabaron hace ya mucho tiempo y ahí siguen, en muchos casos hasta años después, hasta que el tiempo los va pudriendo y acaban en el suelo.

Cuando se va por la isla como turista, uno se pregunta quién debería retirar los carteles al finalizar las obras. ¿La constructora? ¿El ayuntamiento? ¿El Cabildo? ¿Quién se responsabiliza? En cualquier caso parece una chapuza y da muy mala impresión, de desorden y descuido, algo que no tiene cabida en una isla que fue nombrada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en el 2000. Vergüenza ajena.

Dirección: Aurora Murciano. © El Hierro Digital | Todos los Derechos Reservados

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