El Hierro Digital

La lucha perdida

La mosca de la fruta domina El Hierro. Comete excesos sobre todo en El Golfo, en una altura de hasta 500 metros sobre el nivel del mar. Ataca duraznos, manzanas, ciruelas, melocotones e incluso papayas y pimientos, destroza cosechas enteras. Este año, la situación está especialmente grave. Por eso, hace poco días publicamos el artículo serio de Donacio Cejas Padrón sobre la plaga de la mosca de la fruta. Don Donacio es el delegado de la empresa Econex/Syngenta Agro S.A. para Tenerife, y también para El Hierro. En el año 2008 vendió al Cabildo cientos de esas cajitas amarillas, que están colgadas en muchos árboles en El Golfo. Esta idea seguramente fue buena, porque manifiestamente estas trampas con sus atrayentes son muy eficaces. Lo que escribió Don Donacio en el  buen artículo sobre la ceratitis capitata (latín), o sea, la mosca de la fruta, hizo entender al lector cómo funcionan las trampas amarillas. Pero Don Donacio no contó la historia entera en su artículo. ¿Qué pasó? En junio/julio del 2008 – lamentablemente demasiado tarde en el año – el Cabildo repartió estas cajas amarillas para controlar y acabar con la plaga de la mosca de la fruta en todo El Golfo.

Pero lo que no escribió Don Donacio es que el Cabildo/Medio Ambiente ejecutó el asunto de una manera inútil.

Hay que colgar las trampas a más tardar en abril para que sirvan, pero las cajas no estaban colgadas en los árboles de todo El Golfo hasta fines de junio de 2008. Hay que cambiar las feremonas después de nueve meses para que siga funcionando la trampa. Pero la gente de medio ambiente cambió las feremonas recién en mayo y junio – otra vez, tres o cuatro meses demasiado tarde. Marcaron todas las cajas con una raya para poder controlar donde ya habián cambiado las feremonas. Buena idea. Pero lamentablemente, ahora las cajas quedan colgadas en los árboles hace más de dos años sin que hayan echado nuevas feremonas. Este año, la plaga está tan fuerte como nunca. Sé que de muchos árboles, también dentro de mi huerta, había que tirar toda la cosecha.

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Como se ha comprobado, las trampas son muy eficaces. Pero si se realiza todo el proceso de una forma tan chapucera, da pena todo el trabajo y el dinero derrochado. Las trampas vacías aún están colgadas en los árboles. ¿De dónde proviene tal chapuza? ¿Quién tiene la culpa?

Con permisio, quisiera criticar algo más: muchos vecinos ni saben por qué están colgadas las cajitas amarillas en sus huertas. Muchas trampas están tiradas en el suelo o han sido tiradas a la basura. Las aclaraciones han sido malas o ni han tomado lugar. Yo nunca me he enterado de nada.

Además, los propietarios de los frutales deberían saber que no hay que dejar tiradas las frutas con las cresas, ya que las cresas entran a la tierra, se transforman en crisálidas/pupas y el próximo año salen nuevas moscas de la fruta. Hay que eliminar las frutas afectadas de forma adecuada. No hay que tirarlas al compost ni enterrarlas, sino hay que quemarlas, tirarlas a la basura dentro de una bolsa de plástico cerrada o dejarlas en un cubo con agua jabonosa durante dos semanas y después enterrarlas. Sería una buena idea, agregar a las cajitas instrucciones de uso, resistentes al agua y al viento, con aclaraciones de qué se trata. ¿Se puede empezar todo el procedimiento de vuelta? Las cajitas ya están, sólo hay que agregar las feremonas en marzo o abril del año que viene. ¿Quién toma la iniciativa?

Mi sencilla condición de modesto productor de frutas en nuestra isla, y al margen de cualquier otra consideración que pudiera derivarse de otras facetas de mi vida, me veo en la necesidad de denunciar públicamente los estragos que viene produciendo en nuestros frutales la temible Mosca de La Fruta, llamada también Mosca del Mediterráneo, y cuyo nombre científico es CERATITIS CAPITATA,  y que es conocida en toda La  Cuenca Mediterránea y otras partes del planeta, produciendo daños muy importantes en melocotones, guayabos, nísperos, higos, cítricos, albaricoques, mangos, y muchas mas clases de frutas.

Si nos concretamos a nuestra isla, su presencia data de muchas décadas de años, especialmente tenía su incidencia mas apreciable en los duraznos, sobre todo en El Valle de El  Golfo,  y  en   las ultimas camadas de la fruta,  mas bien en la parte baja de  El Golfo,  raramente subía  mas arriba de los 400 metros sobre el nivel del mar, y era casi desconocida en otras zonas de la isla,  No obstante su presencia bien contrastada en aquellas épocas, bien por  el constante laboreo de la tierra, por la recolección total de toda la frutas de los carboles, y también por los  depredadores naturales a que la plaga  tenía que enfrentarse, entre ellos los pájaros,  y por otras sanas costumbres que entonces se practicaban, como recoger  del suelo toda la fruta afectada, La Mosca no era un enemigo muy a tener en cuenta, y sus daños no eran tan considerables.

Pero de algunas décadas de años para acá, y por la concurrencia de varios factores que han ido favoreciendo la rápida expansión de la plaga,  ya también repetidamente explicados, poco a poco esa  temible plaga ha ido ganando terreno y en la actualidad es tanta su virulencia, que está acabando prácticamente con la mayoría de nuestras  variedades de frutas, en todas las zonas de la isla.

En años pasados recientes, desde La Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias, y tal y como se hace en otras de nuestras islas, se programaron y ejecutaron en El Hierro,  campañas fitosanitarias contra La Mosca de La Fruta, mediante el uso de trampas y atrayentes, para capturas masivas de la plaga, que dieron un excelente resultado, apreciándose la gran cantidad de plaga capturada, y la merma de la misma en la siguiente temporada. Estas campañas estaba recomendado que se continuaran durante varios años, además de las reiteradas medidas culturales que continuamente  se les han ido explicando a los agricultores. Pero por razones que desconocemos, y a pesar de existir trampas y atrayentes almacenados en nuestra isla, se abandonaron esas campañas que tan buenos resultados habían dado,  se tomaron otras iniciativas diferentes,  cuyos resultados han resultado con tremendo fracaso, y se ha llegado a la penosa situación actual en que la casi totalidad de nuestras frutas no están aptas para el consumo, y lo que es peor aún, se ha  sembrados nuestros suelos de pupas de la plaga que en la próxima campaña será igualmente  desastrosa para nuestros campos.

 

Yo, como simple agricultor, apasionado por los frutales, hago un llamado a quien corresponda, para que se tomen medidas rápidas y efectivas, para el control de esta temible plaga, pues se está jugando   con el sustento y el fruto del trabajo de  muchas familias de nuestra isla. Creo mi deber alertar sobre algo que nos afecta a todos los herreños.

Publicado en Crónicas del Pasado
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