El Hierro Digital

MI SUPERHOMBRE DE NIÑO

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Dábamos los primeros pasos. Caímos:¡Si no nos hubiésemos

levantado, hoy, NO SABRÍAMOS CAMINAR!

 

Y, ¡cuánto y cuánto, hemos ya peregrinado a lo vasto y prolongado de esta tan positiva realidad!

En cada uno de nosotros, palpitan curiosas historias, verídicos hechos, variados relatos y dispares ocurrencias, todas ellas, dignas de figurar en la mejor de las modernas y más aplaudidas de las proyectadas películas.

Como algo merecedor y muy personal, hoy, me permito transmitirles a ustedes unas íntimas vivencias que, hace ya tiempo, afloraban en mi mente y corazón, con los fervientes deseos de lograr escribirlas aquí, en “EL HIERRO DIGITAL”, para, libremente, poder comentárselas.

Porque,sin lugar a incertidumbres, desde la más melosa niñez, mi fallecido hermano, FERNANDO, especialmente, fue para mí, el auténtico héroe fabuloso que me supo bien acompañar, sin reposado descanso ni cómoda tranquilidad, en la singladura de todas las inocentes aventuras puerilis que, alegremente, viviera.

Ya, de mayor, al tener que emigrar hacia Venezuela, el antojadizo Destino, por espacio de 14 largos años, dilatadamente, distancia nuestros mutuos caminos y, al regreso, volviendo a encontrarnos de nuevo, pude corporalmente notarlo con el mismo aspecto físico y decidido de siempre.

Jovial, dinámico, dispuesto a colaborar a cuanto se le solicitara, apasionado y vehemente seguidor de “LA UNIÓN DEPORTIVA LAS PALMAS”, del total fútbol argentino, en cuya República estuvo residiendo, simpatizando con la exaltada afición “Che”, hizo que muchos le conocieran con el abierto sobrenombre de “EL RUBIO”, en memoria y recuerdo da la famosa “SAETA RUBIA”, Alfredo Di Stéfano al que, junto con el futbolístico fenómeno mundial de pasmoso prodigio, MARADONA, tanto admiró y continuamente les tenía a flor de labios.

Supo aprovechar los apropiados abriles de su jubilación para, una vez más, poder dedicarse por entero a los solícitos y agasajados cuidados de la que hoy es su desconsolada esposa, la afligida LOLITA PADRÓN GALÁN; unos loables bienhechores motivos que, para nada en absoluto, le impidieron la conquista de reñidos campeonatos en prácticos juegos sociales de salón, felizmente conseguidos, merced a sus altos conocimientos sobre el intrincado ajedrez, entretenido dominó y el familiar parchís.

Supo dar los más oportunos consejos a cuantos así se los solicitaban, dominando con sorprendente pericia y suave tacto, reservados asuntos secretos de complicadas situaciones.

Profundo amante de la radiodifusión, conservaba una auténtica colección de curiosos aparatos, mandos y disparejos mecanismos, dominándolos todos ellos con profesional maestría técnica.

Colocó su mítica “Pica en Flandes”, allá, en donde ella hiciera falta y fuese necesario, realizándolo todo sin eludir molestosos inconvenientes o serios problemas, sin jamás esconder la cara, tenazmente, sin posible reposo.

Aceptó con desmedida esperanza y arrojada energía, los encontrados vividos placeres, localizadas alegrías, sufridas penas y duros batacazos de la vida que, a todas las sensibles criaturas se le suelen presentar y que él, de una fulminante manera particular, aniquilara, sufriendo silenciosamente, en lo más profundo de su corazón, la inesperada pérdida de su muy amado hijo, PACO JAIME, soportando con resignado estoicismo, la cruel carga de la más imprevista, ilícita y doliente apesadumbra cruz.

¡Atrás, muy atrás, han quedado desterrados en la añeja retentiva del tiempo, aquellos lejanos, peligrosos y extensos años de militares africanas duras prueba; sus gastados cepillos y afiladas garlopas, unas artesanales herramientas hábilmente manejadas en sus diestras manos de fino carpintero; su comercial labia y prosapia para, con la mayor destreza, desenvoltura y convencimiento, endosarle al cliente, “el mejor calzado en plaza”!

¡A espaldas de los habituales acontecimientos, han quedado tantas y tantas cosas, buenas y malas, que nos serían imposible de enumerar!

Detalles, explicaciones, recuerdos, juveniles, arduas luchas en busca del mejor porvenir, habiendo tenido que cargar achicharradas cantinas, repartiéndolas como un multiplicado pulpo por todas las atestadas calles de Las Palmas, desde el remoto Muro de Marrero, en Las Canteras, hasta el parque de Santa Catalina, allá, por la sinuosa recta de Ripoche, Murga, Constantino, Bravo Murillo,Venegas, Las cuatro Esquinas, en Telde, conviviendo en nutridas, abarrotadas y conocidas Pensiones Hoteleras que, nuestros difuntos padres tuvieron ubicadas por los mencionados términos y, con las que nunca, se pudo alcanzar el natural desahogo de una mejor y más lucrativa recompensa económica.

Y... ¡En qué duras circunstancias, las de aquella acongojada época en que, todo se tenía que cocinar, al doliente calor de unos simples infiernillos, asombrándonos de cómo la inmolada mamá LOLA, podía sacar adelante tantas primorosas y variadas exquisiteces culinarias, con aquellos débiles fuegos de indefensa quincalla, más propios del tentador diablo que del mismo santo Dios!

¡Todavía, me parece vislumbrar la egregia figura de papá AURELIO, pregonando a los cuatro vientos... “las montañas de cáscaras de huevos que en San Andrés habían, por los muchos flanes elaborados en casa”, cuando, en realidad, por aquel período, la pura “Tamatina”, era que más imperaba y menos costaba!

¡SON ALGUNOS DE LOS IMBORRABLES DETALLES QUE, AL MENOS, PARA MÍ, NUNCA SE PODRÁN ESFUMAR EN EL RAUDO DESFILE DE LOS VERTEGINOSOS DÍAS!

LAS CICATRICES DE LA EXPERIENCIA FORMAN EL CARÁCTER DE LAS PERSONAS.

¡NUESTRO ÚNICO DERECHO ES SABER CUMPLIR CON EL DEBER Y, ESTE, DE RECONOCIDO HERMANO, SIMPLEMENTE, HA SIDO, UNO DE ELLOS!

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