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UNA FECHA A ENALTECER

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Este raudo mes de enero, se nos liberará de las manos, con la acostumbrada festividad
religiosa dedicada a San JUAN BOSCO, insigne Fundador de la Benemérita Congregación Salesiana; el apostólico, carismático buen sacerdote que más amó a la desmantelada juventud de su espinosa época , a la cual, le ofreció por entero todas las vitales energías de su muy loable existencia y, derrochando amorosamente un dilatado corazón, con mucha más amplitud que todas las existentes profundas secretas arenas del ancho mar.

Resulta ciertamente seductora, sugerente, fascinante y espaciosa, la deleitable Biografía suya, estando atestada de absorbentes hechos, proverbiales dichos, prolongados escritos o, colmada toda ella de tan portentosos milagros- al claro estilo de la mejor fantástica película- que, por algo, nuestra Cinematografía Española, con mucho acierto, desde hace cuantiosos años, le ha designado como
a su más preferido y acreditado venerable Patrón.

En los siguientes versos, haremos un resumido compendio, capaz de alcanzar por entero, cuanto anteriormente hemos mencionado:
A DON BOSCO OBRERO
¡Salve, gran corazón, alma sublime,
discípulo dilecto del Divino Rabí de Galilea
que, muere, que perdona, que redime!

De ésa gran causa, fuiste tú un efecto;
fuiste una chispa en la inmensa tea
que encendió la hoguera del humano sentimiento.

Hiciste tuyo el dolor ajeno,
la queja del desnudo y del hambriento.
Hiciste tuyo el vértigo sombrío,
misteriosa guarida del crimen y del vicio.

En tu sensible corazón doliente, a tarde y a mañana,
la miseria clavo sus agudos dientes
y, sus puñales, la injusticia humana.

Soñó llevar tu mente de coloso,
una ceja de luz al ignorante,
un consuelo al leproso,
un alivio al cansado caminante,
una cruz a la Pampa solitaria
y, al labio del soldado, una plegaria.

Que, al penetrar el corazón humano,
comprendiste, no en vano,
que no maneja la bomba ni el cuchillo,
la encallecida mano
que sujeta la pala y el martillo.

Afortunado sembrador, pudiste,
el fruto contemplar de tu labor
que, la planta débil al nacer,
es hoy gigantesca liana trepadora
que, proyecta su sombra redentora,
del norte al mediodía,
del ocaso a la aurora.

¡YA PUEDES REPOSAR TRANQUILAMENTE¡
NO HAS DE TEMER QUE TU LABOR SE TRUNQUE
QUE, HOY, TE BENDICE:
¡DE LA FORJA EL SOPLO,
EL GOLPE DEL MARTILLO SOBRE EL YUNQUE,
EL ZARPAZO CONSTANTE DEL ESCOPLO,
DE LAS LIMAS EL DIENTE,
EL LINGOTE ENCENDIDO
Y EL CANTO DEL OBRERO, QUE ENTONA PLACENTERO,
EL HIMNO TRIUNFADOR DEL REDIMIDO!

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¡Un afectuoso y fraternal abrazo, a todos los considerados Exalumnos Salesianos,
en la solemne Festividad del santo que más nos acompañara, durante nuestros
añorados y adolescentes años de jóvenes colegiales!

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