El Hierro Digital

Luciano Eutimio Armas Morales

Luciano Eutimio Armas Morales

La expresión "cambio de chaqueta" se emplea usualmente de forma 'peyorativa, cuando en el ámbito político alguien cambia de un partido o grupo político a otro. Pero ocurre que en estos juicios simplistas y simplificados, con frecuencia no se analizan las circunstancias y motivaciones que concurren.
La participación en la actividad política, puede ser debida básicamente a tres factores:
a) Los que actúan tratando de servirse del puesto o cargo obtenido para conseguir beneficios económicos para sí o sus allegados, ya sean lícitos, como un cargo bien remunerado, o ilícitos, como sería el caso de comisiones o prebendas obtenidas por favorecer a algún particular o empresa.
b) Los que actúan tratando de satisfacer un ego por un afán de protagonismo y de notoriedad, superpuesto a veces a un cierto sentido mesiánico, en comportamientos con frecuencia asociados a ciertos complejos de inferioridad y delirios de grandeza.
c) Los que actúan por una vocación de servicio a la sociedad. Son los únicos que tienen legitimidad moral para representar a un colectivo de ciudadanos y es el grupo más numeroso de los políticos anónimos y sacrificados en miles de pueblos, pero como no son protagonistas de escándalos y corruptelas, no suelen salir en los medios de comunicación.
La representación política normalmente se obtiene por medio de un grupo o partido político, que tiene señas de identidad propias y programa, con el que se identifican los afiliados y simpatizantes.
Pero es evidente que cualquier organización humana es susceptible de entrar en un proceso de decadencia o de ser dominada por personas que no comparten los fines de la misma y pretenden utilizarla en beneficio propio, con lo que los que quieren respetar el ideario de la misma tienen dos opciones: intentar cambiarla, o abandonarla.
En nombre de unas siglas, de un partido, o de una religión, se han cometido los mayores genocidios de la humanidad, dándose sin embargo la paradoja, de que sus fundadores pretendían la felicidad y bienestar de los ciudadanos. Y si no, piénsese por ejemplo en la paradoja de Jesús diciendo: "Amaos los unos a los otros, como yo os he amado", y un Cardenal Gran Inquisidor mandando a quemar vivos en la hoguera a los infieles o a los herejes. El abandonar una adscripción política no es necesariamente una traición. Lo que es una traición es pervertir los ideales y los fines de la misma, y convertirla en un sistema perverso y clientelar de obtención de votos, para ponerlos al servicio de ambiciones personales y de intereses económicos. En esas circunstancias, permanecer en esa agrupación o partido político, puede suponer una complicidad por omisión.
Cuando se produce una catástrofe provocada por un terremoto en una zona poblada, acuden de inmediato a socorrerles las fuerzas del estado que corresponda con todos los medios oficiales disponibles, y se suman también medios de otros estados y voluntarios de ONG tratando de salvar vidas y paliar los efectos de la catástrofe. Pero también acuden delincuentes, que tratan de desvalijar pertenencias ajenas, aprovechando la confusión y la indefensión de las víctimas.
En cualquier caso, es curioso constatar cómo algunos que se incorporan a la vida política por afán de poder, de notoriedad y de beneficio propio, son incapaces de aceptar que otros puedan actuar por principios, por solidaridad y por la obligación moral de contribuir a un mundo mejor para futuras generaciones, y agradecer la herencia recibida de nuestros padres, aunque eso implique "cambiar de chaqueta".
Aquí valdría el viejo proverbio de "piensa el ladrón que todos son de su condición". Como si los que se dedican a hacer saqueos entre los restos de una catástrofe, pensaran que todos los que van a ayudar e intentar salvar vidas son unos delincuentes como ellos.
El verdadero traidor nos es el que cambia una prenda de vestir por otra. El verdadero traidor es el que traiciona los principios, los sentimientos y la solidaridad que todo proyecto colectivo altruista debe comportar, tratando de utilizarlos en beneficio propio o de sus allegados.

¡ Salvad al Presidente ! por Luciano Armas

Publicado en Cartas al Director

El juego del ajedrez parece ser que procede de la India y que los árabes, tras la conquista de Persia, lo difundieron por Europa durante la edad media a través de Constantinopla. Consiste en una batalla entre dos ejércitos de 16 piezas cada uno, compuestos por soldados de infantería (Peones), caballos, torres, alfiles (Obispos), una reina y un rey, que se desarrolla en un tablero de 64 casillas.
Gana la batalla el ejército que consigue matar al rey contrario, y por eso toda la estrategia de la batalla se basa en tratar de defender el rey propio y atacar al rey del ejército enemigo. Para conseguir la victoria se sigue una estrategia global en la que se evalúan objetivos y tácticas a largo plazo, teniendo en cuenta el valor de las piezas, el control de las casillas y la seguridad del rey.
Cuando en el curso de una batalla el rey se encuentra muy amenazado, se procede en ocasiones a sacrificar una pieza de gran valor para obtener una ventaja posicional, que sorprende y a veces desconcierta al contrario y consigue en algunas ocasiones ganar la batalla merced a ese sacrificio.
Decía hace poco Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, creo que con mucha razón, que hubo rescate para salvar al soldado Rato. Pero el panorama de la batalla se le ha puesto tan difícil al ejército de la gaviota, que han tenido que sacrificar al soldado Rato para tratar de salvar a su rey, o con más propiedad en este caso, a su presidente.
La detención del mejor ministro de economía de la historia de España, según Aznar, en un esperpento mediático, con los periodistas y las televisiones esperando porque habían sido previamente avisados, y con un agente de aduanas agarrándolo por el cuello para hacerlo entrar en el asiento del coche oficial, ha sido todo un espectáculo digno de telenovela.
Porque mientras Anticorrupción reclama las competencias para la investigación de los delitos de fraude, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes, los peones del Dr. Montoro se le adelantan, y montan el show mediático de la detención del autor intelectual y de hecho, de las burbujas inmobiliarias y financieras que han arruinado este país.
Y a la hora del telediario, el show continúa como no podía ser de otra manera, con la niña terrible diciendo que "...la ley es igual para todos", "...estamos ante un asunto particular y el gobierno ni interviene ni interfiere en estos casos", y además presumiendo de "...los extraordinarios avances en la lucha contra el fraude fiscal". Sublime.
Entre los delitos de que se acusa a Rato no está el de cohecho, como sí es el caso de algunos, y que sin embargo siguen tan campantes y sin tener que pasar por esa "fiesta", y el marketing de los Arriola nos presenta el hecho como una muestra de la "ejemplarizante independencia del poder judicial". Más sublime todavía.
Cuando Felipe González era presidente y sentía amenazada su cabeza, se produjo el sacrificio de una pieza relevante como era la del gobernador del Banco de España, en un intento similar de obtener una ventaja posicional que le permitiera revertir el resultado de una batalla que se daba por perdida. Aunque si comparamos, lo de Mariano Rubio era una nimiedad insignificante comparado con lo que sabemos de Rato. ¡Y cómo será lo que aún no sabemos!
Y mientras tanto, Miguel Blesa y otros cuya enumeración no hacemos para no cansar al lector, siguen viajando, participando en cacerías, y disfrutando de lo lindo, y aquí no ha pasado nada. ¡Qué país!
En fin, veremos como acaba esta partida, porque el cronómetro nos indica que ya se está agotando el tiempo de la misma y pronto empezaremos a tener resultados.

                                   Luciano Eutimio Armas Morales

Hace unos días, una amiga, a quien recientemente le habían puesto una multa de tráfico, me expuso indignada que quería enviarle una carta al Ministro del Interior.

La sanción de 300,€ fue motivada por circular a 61 km. por hora en un tramo de carretera que estaba señalizada con velocidad máxima de 40 km./h.   Me contó toda la historia de la dichosa multa, que en principio era de 900,€ porque faltaba una coma en el escrito, pero que luego de reclamar al Centro de Tratamiento de Denuncias Automatizadas de León, quedó reducida a 300,€.

Le alenté a que escribiera la carta, le hice alguna sugerencia en la redacción de la misma, y le pedí permiso para publicarla. Me dijo que sí, a condición de que conservara su anonimato. Así que, obtenida la pertinente autorización y sin dar su nombre, ahí va la carta:

Excmo. Sr. Jorge Fernández Díaz

Ministro del Interior

Paseo de la Castellana, 5 – MADRID

Excmo. Sr.

Me dirijo a usted, para contarle la peripecia de una ciudadana que ha sido sancionada por el importe de 300€ y creo que retirada de tres puntos del carnet de conducir, por circular a 61 km/h en un tramo de vía que estaba señalizado a 40 km/h

Se trata de una autovía de dos carriles, y le adjunto foto del tramo de la misma, en la que al aproximarse a una curva hay un disco de velocidad máxima 80 km/h, a los treinta metros o así, otro de 60 km/h y a los treinta metros de éste, otro de 40 km/h.

Parece deducirse de la foto que amablemente me enviaron, que al reducir la velocidad de 60 km/h a 40 km/h, me pasé un par de metros y además excedí la velocidad en 1 km/h. ¡Que admirable precisión la del cinemómetro que utilizan!

Pero mire, quiero decirle algo: tengo la licencia de conducir desde hace treinta y un años, y he estado conduciendo diariamente con desplazamientos desde mi domicilio a mi lugar de trabajo con una media de treinta kilómetros diarios por carreteras y vías urbanas, y nunca he tenido no ya un accidente, sino que ni tan siquiera un roce a mi vehículo.

Por el lugar en el que me sancionaron, paso diariamente al menos dos veces desde hace unos quince años, y nunca he tenido el mínimo incidente, ni derrape, ni frenazo brusco, ni en días de lluvia ni en días soleados.

He leído además, en una noticia reciente de prensa, que el sindicato de la Guardia Civil ha denunciado una nueva instrucción de la Dirección General de Tráfico, que castigará a los agentes que no multen lo suficiente quitándoles un complemento salarial de 143,€/mensuales, con lo cual se prima la acción sancionadora, sobre cualquier otra de servicio o auxilio en carretera.

Los admirables principios de la Guardia Civil, fundada con espíritu benemérito y de sacrificio por los demás, actuando con lealtad, disciplina y abnegación para garantizar la protección y auxilio a los ciudadanos, los pervierten de pronto para tratar de convertirlos en una especie de recaudadores.

A esos guardias civiles, gentes de honor que soportan estoicamente la disciplina y acatan órdenes que pueden ser denigrantes, que han estudiado duro, que han soportado destinos peligrosos y aceptan cualquier orden con disciplina militar, resulta que usted les ordena esconderse zafiamente detrás de una maquinita para que, aprovechando el mínimo despiste o demora en la frenada, puedan apropiarse de parte de los ahorros de los ciudadanos, que con tanto esfuerzo y sacrificio han logrado reunir.

Loable me parece la persecución de los conductores que circulen bajo efectos de alcohol o sustancias estupefacientes, de los que circulen de forma temeraria para la seguridad vial y de los que infrinjan claramente las normas de circulación, pero eso de colocar un radar en una autovía por la que se circula a 80km/h para que si freno dos metros más tarde de lo que indica la señal de 40 km/h me envíen la fotografía por correos junto a la sanción, es otra cosa.

Por lo que veo, a ustedes ya no les basta con subir impuestos y rebajar prestaciones a los ciudadanos, sino que además, subvierten la finalidad del noble cuerpo de la Guardia Civil que es la de prestar auxilio y protección al ciudadano, para convertirlos en confiscadores del dinero de estos ciudadanos a los que deben auxiliar y proteger, valiéndose de artimañas y de pervertir el verdadero espíritu de la Ley. Y además, sancionándoles económicamente si no lo hacen.

La verdad, Excmo. Sr. Jorge Fernández Díaz, que a mí no me importa nada que usted sea miembro numerario del Opus Dei, porque respeto todas las creencias religiosas. Ni me importa nada que usted le conceda la Medalla de Oro del Mérito Policial a la Virgen María del Santísimo Amor, si eso le hace feliz, porque simplemente me parece ridículo. Me importa un poco que su ministerio envíe a un grupo de guardias civiles a Lourdes en “comisión de servicio indemnizable y con derecho a dietas” con cargo a los presupuestos, es decir, a costa nuestra. Será para ver si rezándole a la Virgen de Lourdes, hace el milagro de acabar con la corrupción en nuestro país. Digo yo. Pero igual podría enviarles a La Meca. ¿O no?

¿Sabe una cosa, Sr. Ministro? La política siempre me ha resultado algo muy ajeno. Sólo he votado hace muchos años, porque coincidieron unas elecciones con el año que cumplí los dieciocho años y me hacía cierta ilusión. Después me han desencantado, pero he seguido cumpliendo escrupulosamente y con ilusión de servicio, mi deber como funcionaria.

Pero hemos llegado a un punto en que me da asco la política y los políticos. Porque cosas como esta Sr. Ministro, que obliguen a unos nobles guardias civiles a poner multas porque si no les sancionan a ellos, me parece francamente deleznable. Y esto hace que esos políticos me parezcan unos seres despreciables, embaucadores, corruptos y mentirosos. Es inevitable pensar que ustedes ni nos representan ni nos defienden.

¿Y sabe otra cosa, Sr. Ministro? Si esos 150,€ que he pagado, porque al pagarlo en los veinte primeros días me hacían un 50,% de descuento… (¡Gracias Sr. Ministro, muy amable!)… si esos 150,€ que he pagado, decía, sirvieran para que mis hijos tuvieran mejores becas, nosotros tuviéramos mejores prestaciones sociales, y nuestros padres mejores pensiones, pues bueno, lo daba por bien empleado.

Pero lo que más me duele en el fondo, es saber que esos 150,€ quizá irán destinados a que alguno se lo gaste en lujos con una tarjeta negra, otros se lo llevarían a casa crudo en un sobre, otros quizá en trajes de alta costura, en lujosas mansiones, quizá en alguna juerga, y como no, enviando lo que sobre a Andorra o a Suiza para tenerlo bien escondido.

Si en las próximas elecciones, alguien propusiera acabar con este sistema que permite que nos gobierne y nos saquee una pléyade de políticos despreciables, mentirosos y corruptos, votaría por ellos. Pero como sé que nadie lo va a hacer, porque ni aunque lo propusiera lo conseguiría, me quedaré en casa sin votar. Mi voto no tendría utilidad alguna.

Atentamente,

                                 María González Peñate

No es este el nombre verdadero de la autora, por supuesto, que me pidió conservar el anonimato. Así que, sin quitar ni añadir comentario, porque creo que la carta es muy elocuente y representativa del ánimo de algunos ciudadanos, aquí queda a la consideración de los estimados lectores.

 

 

 

Tras más de treinta años de militancia, he presentado esta mañana un escrito en la sede de Valverde, solicitando mi baja como afiliado del Partido Socialista Obrero Español.

Durante unos veinte años, fui un militante silencioso sin actividad pública ni orgánica, porque lo consideraba incompatible con mi actividad profesional. Pero a partir de mi pre-jubilación, tuve actividad y militancia activa en política tanto en el partido como en instituciones, habiendo sido durante cuatro años Consejero del Cabildo Insular y portavoz de nuestro grupo, así como candidato al Senado por la Isla de El Hierro en las elecciones generales de 2.004.

Me afilié al PSOE, porque consideraba que representaba y defendía los valores que considero más valiosos y por los que debemos luchar, como son la libertad, la justicia y la solidaridad, y creo sinceramente que las dos primeras legislaturas de Felipe González como presidente, supusieron importantes logros para todos los españoles en ámbitos como la educación, la sanidad, las libertades civiles, la modernización de España y el reconocimiento internacional. Pienso que ha sido lo mejor de este país en los últimos ochenta años.

Pero ocurre que las organizaciones humanas, al igual que los organismos vivos, entran en procesos de envejecimiento, que se caracteriza por una especie de arterioesclerosis que dificulta la circulación sanguínea y el aporte de oxígeno, y favorece la formación de necrosis y la degeneración del organismo. ¿Antídoto? La renovación del tejido celular.

Entiendo que el PSOE en los últimos años, ha tomado una deriva que hace sentirse incómodo a un militante que considera irrenunciables los principios que son las señas de identidad de un partido centenario, y ve como un presidente en funciones firma el indulto a un banquero condenado en firme por graves delitos, contra el criterio del Tribunal Supremo. Por ejemplo.

Los escandalosos casos de corrupción en el PSOE, la falta de democracia interna y de autocrítica, el afán de unos dirigentes por controlar la maquinaria del partido para perpetuarse en los cargos, la endogamia, el servilismo ante poderes fácticos sacrificando la defensa de la mayoría social a la que representa, y la tolerancia o connivencia con el Partido Popular en esta legislatura, que ha provocado el desmantelamiento de la sociedad del bienestar que con tantos sacrificios habían construido generaciones anteriores, al tiempo de acometer una voladura controlada de libertades civiles, de la independencia judicial, de la igualdad de oportunidades y de los derechos laborales, resultan incomprensibles para un socialista.

Esa frase tan recurrida de que "la ropa sucia se lava en casa", como justificación de la censura a comentar públicamente debates internos de un partido, oculta a veces una perversa complacencia con comportamientos poco éticos; porque la realidad es que cuando la ropa sucia no se lava en casa y da mal olor, no queda otra alternativa que sacarla fuera y llevarla a la lavandería.

Es cierto que resulta necesaria la confidencialidad, cuando se tratan determinados asuntos internos o estrategias, que de ser públicamente conocidos debilitarían al partido. Pero no es menos cierto, que un partido político no es una sociedad mercantil privada, ni una secta, sino una organización que pretende representar a todos los ciudadanos, y en la que por tanto, la participación y la transparencia deben ser pilares básicos de su funcionamiento.

La agrupación socialista de El Hierro, creo que nació con una malformación genética: en lugar de actuar "a favor de", padece una propensión obsesiva a actuar "en contra de". En lugar de tratar de actuar en favor de los herreños, de la necesaria solidaridad y colaboración con todos los que luchan de verdad por conseguir lo mejor para la mayoría de los ciudadanos de la Isla, parece que actúan "a la contra".

En sus comienzos, le pusieron en bandeja a AHÍ la cabeza de su candidato al Cabildo para apoyar al candidato de AHÍ, a cambio del apoyo de éstos al PSOE en el ayuntamiento de Valverde, para así poder ir "en contra de" Federico Padrón y la UCD. Posteriormente se posicionaron visceralmente "en contra de" Tomás Padrón, "en contra de" AHÍ, "en contra de" Agustín Padrón, "en contra de" Fronpeca, en contra del Gobierno de Canarias... y hasta en contra de los compañeros que discrepen.

Esa visceralidad y actuación a la defensiva, en realidad suele ser un síntoma de mediocridad, debilidad e impotencia. Y a la vista está de que en todos los años que llevamos de democracia, el PSOE ha sido incapaz de articular una mayoría progresista en la Isla de El Hierro.

Vaya como anécdota del talante de "la familia" del PSOE en El Hierro, lo ocurrido en pasado día diez de febrero: Se celebraba ese día una reunión del Comité Insular en Valverde. Para que me entiendan los que nos están al tanto de la organización, existe una Ejecutiva, que es como si dijéramos el gobierno del partido y por tanto, un órgano de decisión obviamente restringido, y luego está el Comité, mucho más amplio y numeroso, que es como una especie de parlamento de debate y ratificación de los acuerdos de la Ejecutiva.

Como vivo habitualmente en Gran Canaria, y tengo excelentes compañeros y amigos de la agrupación de esta isla, he sido invitado y he asistido varias veces a Comités Insulares de Gran Canaria y he intervenido incluso en alguna asamblea, como han sido y son invitados habitualmente muchos compañeros, pues se trata de un órgano de debate y amplia participación.

El diez de febrero como contaba, me dice un compañero: "Esta tarde hay reunión del Comité Insular, pásate por allí." Y como estaba en Valverde, pues pasé por la agrupación con la intención de asistir y saludar a los compañeros. Le pregunté al ex.compañero Alpidio si podía entrar, y en la puerta me dijo que no. ¿Qué puedo entrar en otra agrupación, como la Gran Canaria, y no puedo entrar en la de El Hierro a la que pertenezco? Y esta en realidad, ha sido la gota que ha colmado el vaso.

La agrupación del PSOE en El Hierro, decía que era como "una familia": Una familia con un cabeza de familia algo limitado y advenedizo, una guardia pretoriana de devotas "costureras", un malabarista que mueve sigilosamente los hilos, algún "verso suelto", y algunos socialistas de verdad, normalmente situados fuera de la casa familiar. Como la intolerancia y el sectarismpo habitualmente obedecen a un sentimiento de debilidad e impotencia, como decía anteriormente, es por lo que la simple y democrática discrepancia pueden considerarla como alta traición a "la familia".

Tengo excelentes compañeros y amigos, auténticos socialistas además, en la agrupación de Gran Canaria, y también en la agrupación de El Hierro. Pero he llegado a un punto, vista la situación del partido a nivel nacional, a nivel regional y sobre todo la degradación a nivel insular, en que me parece que lo más honesto y coherente es solicitar la baja como militante del PSOE, porque entiendo que la fidelidad no debe ser a unas siglas, sino a unos principios. Lo contrario sería aparecer como cómplice de una situación, que de momento no parece que vaya a cambiar.

Nunca he aspirado a cargos, ni aspiro, y tampoco a sueldos ni a puestos de trabajo, porque nunca he sido ambicioso en sentido material, y afortunadamente he tenido profesionalmente mi vida resuelta. He tenido, y tengo, vocación de servicio y el deseo de colaborar y ayudar a conseguir una sociedad más justa, más solidaria, más tolerante, más libre y más sostenible, ya que junto a su formación, es la mejor herencia que podemos dejarle a nuestros hijos.

El ejemplo de generosidad, de honestidad y de coherencia, ha sido la más valiosa herencia que me dejó mi padre (QEPD), y en la medida en que pueda, quiero seguir haciendo honor a esa herencia recibida.

Ah, y no dejaré de ser socialista, porque esa legitimidad entiendo que no la da un carnet, sino un sentimiento de solidaridad y ayuda a los demás y de indignación ante los abusos y las injusticias. Aspirar a que la globalización a la que estamos sometidos como ciudadanos de este mundo, no se vea limitada a las deslocalizaciones industriales y al trasiego de activos financieros especulativos, sino que sea, sobre todo, una globalización de respeto a derechos y libertades, de igualdad de oportunidades, de solidaridad, de justicia y de sostenibilidad.

"Resistir es vencer", decía el insigne Dr. Juan Negrín, canario y Presidente del Gobierno de la II República Española, que fue expulsado del PSOE en abril de 1946.

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Frontera, 4 de marzo de 2.015

EL HUEVO Y LA SAL

Publicado en Cartas al Director

   Cuentan que en una ocasión, se sentaron a una mesa cuatro comensales con la idea de participar en un almuerzo distendido y hablar de la gestión de una gran empresa, en la que participaban los cuatro. Dos de los comensales eran de derechas y los otros dos eran de izquierda, y pidieron como aperitivo cuatro huevos duros.

   El camarero se los sirvió en una tarrina y les puso sobre la mesa cuatro pequeños platos con sus cubiertos, un salero y una azucarera. Pero en ese momento, mientras el camarero les servía, los dos comensales de izquierda comenzaron a teorizar sobre si el tiempo ideal para pasar los huevos era de tres minutos o de tres minutos y medio, y si la yema debería estar sólida, cremosa, o en estado casi líquido.

La conversación continuó luego entre dichos comensales, en que si los huevos duros o medio pasados, deberían sazonarse con sal fina, con sal marina más gruesa, o quizá con azúcar como algunos comensales prefieren.

Aquella conversación derivó casi en una discusión en la que subieron un poco el tono de voz aunque sin llegar a las manos, cuando de pronto miran la tarrina en la que el camarero había llevado los cuatro huevos a la mesa y la encontraron vacía, porque mientras ellos discutían, los dos comensales de derechas se habían comido los cuatro huevos.

   Valga esta anécdota supuesta, en estos tiempos convulsos y en un año intenso en procesos electorales, como la constatación de un hecho atávico y repetido a través de la historia: el pragmatismo de lo que denominamos derecha, frente al idealismo y la utopía de lo que llamamos izquierda. La derecha busca un gato que cace ratones, y punto. La izquierda se enfrasca en una discusión, sobre si es preferible el gato blanco, el gato negro, o el gato leonado, y mientras tanto, los ratones siguen retozando.

La derecha se mueve por intereses, son más disciplinados y no les importa que los suyos roben o sean corruptos, porque “son sus corruptos” y saben que mañana les van a favorecer, y por eso en España el Partido Popular aglutina prácticamente todo el espectro de la derecha: Defienden intereses comunes y privativos, aunque su poderosa maquinaria mediática consigue que le apoyen también muchos ciudadanos que, sin pertenecer a esas élites privilegiadas, se dejan seducir por sus promesas de seguridad, estabilidad y progreso, mientras les saquean.

La izquierda en cambio, al menos en teoría, se mueve por principios éticos y pregona la libertad, la justicia y la solidaridad. ¿Y qué ocurre luego? ¿Por qué la izquierda, si representa teóricamente unos principios y metas compartidos por la mayoría de la población, no logra esa mayoría política que le represente? La respuesta posiblemente no es única, y concurren varias circunstancias que contribuyen a dibujar este panorama de predominio político de la derecha, sobre una izquierda dividida.

Todo esto tiene que ver con la formación y el nivel de crítica de los ciudadanos: cuanto menos cultura y sentido cívico tengan, más fácilmente serán manipulables por los que controlan el poder. Y tiene que ver, con la creación de esos grupos sectarios en los que, olvidándose del objetivo primordial que debe ser unir fuerzas para la transformación de la sociedad, emplean sus energías en luchas internas y cainitas, en las que el ego y el afán de poder o de ocupar un puesto, resulta en realidad lo prioritario para algunos.

Y tiene que ver también, con la falta de democracia interna, de participación, debate y de tolerancia, que son precisamente las señas de identidad de la izquierda.

Y tiene que ver además con los paracaidistas filibusteros: esos personajes que, sintiéndose de derechas, aterrizan sin embargo en un partido de izquierdas buscando esa oportunidad o ese cargo que la derecha les niega.

El resultado de todos estos líos de viejas familias y lucha interna por el poder, en los que alguien que no comparte unos principios pueda liderar un proyecto en el que no cree pero que le beneficia en particular, produce en la ciudadanía una percepción como de algo viejo, rancio, autodestructivo y decadente. Lo de ayer con Tomás Gómez en Madrid le hizo exclamar a un comedido y prudente Iñaki Gabilondo: “¿Qué persona inteligente querría meter la cabeza en la boca de ese lobo?”.

Son estas unas reflexiones muy simples y parciales que por supuesto merecerían ser ampliadas, matizadas y aplicadas a la realidad de nuestra querida Isla. Pero bueno, otro día continuamos, para no hacer muy extenso el escrito de hoy.

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                                                 Frontera de El Hierro, 12/02/2015

 

Dirección: Aurora Murciano. © El Hierro Digital | Todos los Derechos Reservados

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