En algún momento, Pepe Blanco, Ministro de Fomento, ha sido observado desde esta grada de los acontecimientos, con curiosidad y algo de prevención, principalmente, por su firme y mordaz afán de erigirse en triturador del Partido Popular y de su líder actual. Y el caso es que entre la agitación y los ondulantes gallardetes su armadura todavía se mantiene firme en el palenque y, aunque sus oponentes han medrado, no ceja en su empeño de acometer o defenderse cada vez que la ocasión le viene al pelo y ve sus predios amenazados.
Es su rival un enigmático justador;
del Tránsito Aéreo, le llaman Controlador.
Hervores de luna en los ollares del corcel,
arengas de viento en el filo de su broquel.
Los controladores aéreos —por lo que se nos dice— son unos trabajadores muy cualificados, privilegiados —en cuanto a salarios— y supongo que también envidiados por más de uno. Suponen, aproximadamente, un 0,005% de la actual población española. Al parecer, constituyen un gremio súper valorado y muy consentido —así lo percibe el saber popular—, al que las sucesivas autoridades no se han atrevido a poner en su sitio, por temor a que una huelga deje al país paralizado; ello, ha desembocado en unas retribuciones cuya cuantía se escapa al razonamiento más básico y deja en el ridículo más espantoso a otros profesionales de igual o superior titulación y méritos. Que un puñadito de trabajadores —por muy cualificados que estén, por difícil que sea acceder a una plaza, por muchas horas de brega laboral, por alta que sea su responsabilidad, por elevado estrés que soporten…— ponga en jaque a un gobierno y juegue con millones de ciudadanos es incomprensible, y por ello algo en lo que se debería reflexionar.
Ningún país debe de estar en manos de cuatro individuos y de sus reivindicaciones laborales. Parece de cajón. ¿Cómo es posible que tan pocas personas tengan la sartén por el mango y puedan empanar, freír y achicharrar, si se sienten oprimidos, a los ciudadanos y al gobierno de turno? La solución de emplear a controladores militares para esos oficios —como ha trascendido recientemente—, cuando las demandas de los civiles sean inviables, abusivas e intolerables, es de puro sentido común, pues beneficia a la inmensa mayoría y no perjudica a nadie. Y, por supuesto, no trunca la libertad de acción del gobernante.
Este ministro, aunque de baja estampa, maneja bien sus armas y les ha plantado cara. Y parece un ejercicio coherente, necesario y que no admite más demora el ponerlos en su sitio, que aprendan o recapaciten en aquello de que en cualquier actividad nadie es imprescindible; por vital que sea su puesto. Si su trabajo es tan importante y de tanta responsabilidad, también debe ser importante su solidaridad ciudadana. ¿No es suficiente un salario —perdonen si les ofendo— de 4 000 o 5 000 euros mensuales? ¿Les parece poco? Que cambien la normativa y ofrezcan esas cantidades, y sus condiciones laborales, a los que quieran opositar a esos puestos, a los que estén sin trabajo o se hayan quedado sin plaza. ¿Les parece que habría suficiente demanda? ¿Se conformarían con los salarios indicados? Si los actuales controladores realizan tantas horas extraordinarias, que se aumente la plantilla, se reduzcan las retribuciones y haya más personas trabajando. Y en última instancia, como aviesa sugerencia del avanzado estío, que los hagan funcionarios y pasen a percibir 2 000 euros mensuales. ¿Les parecería mejor esa solución? ¿Dónde anida su espíritu de sacrificio en aras de la colectividad?
Hay otras muchas profesiones que tienen una gran responsabilidad, por los medios que manejan, por las vidas a su cargo, por la alta cualificación, por las consecuencias derivadas de negligencias o errores…Quizá mayor que la suya; aunque valorar y jerarquizar estas cuestiones es bastante relativo y arriesgado, además de subjetivo.
La lengua del señor ministro, larga cual sombra de secuoya en el crepúsculo, no se detiene y anuncia que va a suprimir algunos puestos de controlador e implantar el AFIS. El sistema de información de tránsito aéreo —Aerodrome Flight Information System (AFIS) — que se quiere establecer en algunos aeropuertos españoles, con escasas operaciones diarias, constituye una información segura y eficaz para la realización de un vuelo, incluyendo información meteorológica, del aeropuerto y de los posibles riesgos para el vuelo.
Los que esto rechazan, porque afecta a su puesto laboral, están en su derecho de obstaculizarlo y es lógico que traten de salvar la situación; a nadie le gusta que le trasladen forzoso a otro lugar, cuando tu vida y tus realizaciones están en otro sitio. Pero quien vela por el interés general no debe detenerse ante demandas así, máxime cuando su deontología profesional no les ruboriza ni les coarta para entorpecer a miles de personas con sus reivindicaciones; y manteniendo, además, su privilegiado puesto de trabajo.
Hay otros quienes —liderando causas perdidas, ladran como esos perrillos, más por miedo a que los pisen que por naturaleza brava, y cuando el peligro pasa se estiran bajo las piernas protectoras— anuncian que van a llegar con sus protestas hasta Europa si se implanta ese sistema en sus dominios. Arguyen que el sistema AFI no es seguro y que no están dispuestos a ser conejillos de indias y que con ellos se realicen experimentos. Si eso fuera cierto, ¿en qué testa cabe que alguien lo quisiera poner en vigor y abocar al peligro o a la muerte a miles de pasajeros? A menos que se sea un asesino paranoico, suelto y con poder ilimitado… (*)
En un mundo solidario y justo — ¿o, eso es demagogia?— los sueldos que perciben los controladores —si no se ajusta a la verdad lo que se ha publicado que salga alguno y muestre su nómina— repugnan y provocan violentos espasmos, que amenazan con ingresos masivos en UCI,s. A menos que la solidaridad y la justicia social sean una entelequia y quede para llenarnos la boca dando unas sobras para los países del tercer mundo, se debería reconducir la situación y, sin merma de sus derechos laborales, ajustar sus demandas salariales de una manera más equitativa y razonable.
El prójimo está cerquita, nadie tiene que irse lejos. Y siempre será mejor que cien personas vivan dignamente, a que lo hagan una, dos o tres y los otros no alcancen para llenarse la barriga.
¡Vamos, Pepiño! ¡A pulir las espadas!
¡A bruñir las armaduras! ¡Vamos!
Los clarines suenan altos,
se arrebatan las campanas;
que libelos vuelan al viento,
que aviones duermen en los hangares
y pasajeros velan airados…
En atalayas lejanas,
llama y cenizas;
en soleados torreones,
cristales de nuevo brillo.
_______________
*Espero y deseo que no haya eclosionado ninguno en las pasadas horas; si es así, declaren el estado de Excepción y llévenme a otro Planeta; desnudo y sin recuerdos.