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El autoritarismo, enfermedad infantil del nacionalismo

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El pasado día 8 de abril se publicó en este periódico el artículo de opinión firmado por Aurelio Ayala titulado El agua del Pozo de la Salud. Con él el autor intentaba zanjar la polémica abierta en la isla de El Hierro desde el pasado mes de octubre a propósito de la presunta contaminación de las aguas del Pozo de la Salud. Venía a hacerlo después de unas lamentabilísimas digresiones sobre Hitler -acerca de las que no merece la pena derrochar una sola línea en este escrito- mediante el manido recurso de acusar nada más y nada menos que de terroristas digitales a todas aquellas personas que han osado opinar sin dueño ni amo durante el transcurso de la polémica. De esta manera, el artículo iba dirigido no tanto a tranquilizar definitivamente a la población insular mediante la presentación de pruebas científicas contrastables e irrefutables que eliminaran cualquier duda, como a promover el linchamiento moral de quienes haciendo uso de la libertad de expresión se han atrevido a preguntar si están contaminadas las aguas del Pozo de la Salud o, simplemente, han apoyado el derecho de quienes se han hecho la pregunta a hacerla. Se trataba, por tanto, de actuar como un vocero no oficial que apoyara las decisiones adoptadas por el Cabildo Insular y el Ayuntamiento de La Frontera -fuertemente rechazadas en la isla-, de vetar el derecho a la libertad de expresión y, concretamente, de vetar al periódico digital www.elhierrodigital.es por haber publicado un artículo que, dicho está, atenta contra los símbolos de la isla, de los que, en su opinión, ellos son guardianes y garantes únicos.

Es bien sabido que Aurelio Ayala, que entre otros cargos ostentó la dirección del Instituto Canario de Formación y Empleo (ICFEM) durante los años que están siendo investigados por la justicia, fue durante algún tiempo un destacado dirigente nacionalista, hoy venido a menos tras el fracaso de José Carlos Mauricio. Con tal aval contaba, por tanto, con que su firma bastara por sí misma como argumento de autoridad contra el que no se atreviera a alzarse ninguna voz.

Pero veamos qué más pretendía Aurelio, pues no es creíble que alguien inteligente no calculara las consecuencias que su artículo podía tener. Aurelio Ayala escribió sus divagaciones destinadas, en realidad, a sus oyentes de la Agrupación Herreña Independiente. Con ellas, el señor Ayala, que el día anterior publicó otro artículo acerca de su (¿injusta?) implicación en el caso de corrupción del ICFEM (ya ha escrito varios sobre este asunto), trata de ir despejando el camino para postularse como candidato de AHI a la alcaldía de El Pinar, al Parlamento o, si es posible, al Senado. O a cualquier otro carguito. Quedan aún dos años, pero tal y como están las cosas en el seno del partido, y conocido ya su pasado, toda vez que ha decidido reinstalarse en la isla que usó como trampolín político, más vale ir dejando claro quién tiene méritos para hacer valer sus derechos. Así pues, tratándose de una polémica que no había traspasado la frontera insular, el golpe dado por Aurelio Ayala iba destinado, en realidad, a sorprender a la dirección de AHI-CC. A buscar su agradecimiento por los servicios [sucios] prestados. Y por eso se ha destapado abiertamente y ha hablado con el lenguaje xenófobo que tanto agrada a algunos nacionalistas. En su escrito, Aurelio Ayala reitera varias veces que no necesitamos "mesías redentores foráneos",pues ha sido Ruedi Rohr, un herreño de origen suizo, quien ha alertado sobre el peligro que podría suponer para la salud pública el hecho de que las aguas estuvieran contaminadas. Todo esto es, lógicamente, a cambio de algo. Sin embargo ha metido la pata hasta el fondo, no sólo porque se ha retratado él solo, sino porque ha sacado de la isla la posible contaminación de las aguas del Pozo de la Salud, levantando una alarma que puede hacer un daño si bien no deseado, sí irresponsablemente no calculado.

No obstante, en mi opinión, el segundo y verdadero fin del artículo del señor Ayala, más allá de conjeturar que se postule para futuras responsabilidades políticas es, con diferencia, muchísimo más preocupante que el primero, pues aquel no deja de ser un golpe de efecto puertas adentro. Con el mismo estilo autoritario que ya viene convirtiéndose en preocupantemente habitual en las filas de Coalición Canaria (recuérdense, por ejemplo, las declaraciones del alcalde de Santa Cruz y otros destacados dirigentes de CC acerca de los ecologistas y los manifestantes contra el Puerto de Granadilla), se permite Aurelio Ayala tildar de terroristas digitales a todas las personas que, a propósito de la presunta contaminación de las aguas del Pozo de la Salud, y de la polémica que ha suscitado, hemos escrito u opinado haciendo uso del derecho constitucional a la libertad de expresión. Tan vergonzante intento de intimidación, impropio de alguien que se quiere hacer pasar por demócrata, pretende acallar cualquier voz disidente, cualquier discrepancia acerca de un proyecto o decisión política que algunos no comparten y que, en esta democracia que parece incomodar al autodenominado izquierdoso señor Aurelio Ayala, tienen derecho a cuestionar, negándose así a formar parte de la obligada uniformidad conformista que enmarca la vida de no pocos herreños y herreñas cuyos puestos de trabajo y favores dependen del acatamiento incondicional de las consignas y directrices de los gobernantes. Esta realidad, evidentemente negada por quienes la explotan en su beneficio, presenta su cara más triste en el silencio sepulcral existente en AHI, donde la sospechosa unanimidad inquebrantable recuerda aquellos tristes tiempos pasados del páramo franquista caracterizado por el "prietas las filas" ante las "amenazas externas" del contubernio extranjero anti lo nuestro.

Los últimos años se ha vuelto prácticamente imposible debatir nada con cualquier cargo de CC-AHI en El Hierro pues, argumentario oficial en mano, no tardan tres segundos en recordar que a Tomás Padrón nadie lo ha superado en las urnas. No importa de qué se hable. Lo cierto es que cualquier intento de razonamiento con ellos se convierte mecánicamente en un plebiscito del Jefe. Desde esta perspectiva Tomás Padrón no concurre a las elecciones, simplemente es refrendado por la mayoría del pueblo herreño. Se cercena así cualquier legítima, y deseable, reflexión sobre la acción política de las instituciones insulares. Y se concede, por supuesto, el don de la infalibilidad papal al presidente del Cabildo. De esta manera, cualquier discrepancia con una decisión del Cabildo es falazmente convertido en un cuestionamiento de la voluntad popular. ¡Ah, pero qué simple se puede ser! Es la eterna dialéctica del amigo o enemigo, conmigo o contra mí.

Ante esta preocupante situación la pregunta, por evidente, no debe dejar de formularse: ¿Pero es que no hay nadie en ese partido político que sea capaz de alertar sobre el giro autoritario? ¿Es que nadie nota la diferencia entre cómo gestiona AHI las instituciones que gobierna y lo que es una sociedad democrática?

Digámoslo claro: lo de Aurelio Ayala ha sido el más espantoso de los hazmerreíres de los últimos años. Pretendidamente ilustrado e intentando erigirse en juez y parte ha venido a hacer el ridículo con un artículo que quería sentar cátedra en la materia. Un artículo que, lamentablemente, pretende apabullar puerilmente a no se sabe quién con referencias a estudios no recientes sobre las propiedades del agua del Pozo de la Salud que pierden toda su posible validez al no ser citadas correctamente para que el lector pueda contrastarlas. La cosa es más sencilla, señor Ayala, no tome por tontos a todos sus paisanos: la preocupación que tenemos muchas personas en la isla se acalla de golpe y porrazo con la publicación por parte del Cabildo y del Ayuntamiento de La Frontera de un análisis reciente en el que se demuestre científicamente el estado de las aguas. Y ya está. Y se acabó. Y aquí paz y en el cielo gloria. ¿Tan difícil es? Y todo lo demás, los lectores lo saben, y usted ha debido entenderlo, no son más que paparruchadas.

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