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CRONICAS DEL PASADO DE MI PUEBLO DE FRONTERAFIESTA DE LOS LLANILLOS DEL 2018

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El pasado domingo se celebró en nuestro valle La Fiesta de Los Llanillos, que es el traslado desde el templo parroquial de Frontera a nuestra patrona La Virgen de Candelaria hasta allá, cumpliéndose una tradición que se inició por los años 1,940-1,941 y que tuvo su razón en que se cumpliera una promesa hecha por el párroco D. Santiago a un vecino de Los Llanillos, muy anciano , D. Juan Padrón, conocido como Juan el de La Brevera, que había sido muy religioso, y que mientras pudo, acudía en su mulo todos los domingos a misa, pero que mermada su salud que le impedía continuar con su costumbre dominguera, le manifestó al párroco su pena por no volver a ver a La Virgen de Candelaria , y éste le prometió que el primer domingo después del 2 de febrero harían una procesión con la sagrada imagen desde Frontera hasta Los Llanillos y le celebrarían misa en la Plaza, y asi se hizo, y D. Juan pudo asistir a la misma con gran regocijo, y lamentablemente unos meses después de haber visto cumplidos sus deseos falleció.

Pero al siguiente año se volvió a repetir la procesión, y asi hasta nuestros días, convirtiéndose ya en tradición no interrumpida desde entonces , y esperemos que Dios nos siga regalando la necesaria salud para seguir asistiendo a las próximas, la más cercana la del año 2,019. Este año por la climatología que amenazaba lluvia no asistió mucha gente, pues incluso se llegó a temer que hubiese que suspender la procesión, pero afortunadamente se pudo celebrar, no llovió, no hizo viento, y la fiesta una vez mas estuvo muy bonita, se celebró Misa en la plaza, hubo comida de hermandad para todos los asistentes, y el regreso a Frontera también muy lucido, descanso y brindis en La Plaza de Tigaday llegando a Frontera casi en la noche, por lo tanto se ha cumplido un año mas con la tradición, y esperemos que Dios nos de salud para asistir a las venideras, la mas cercana la del próximo 2,019.

MI VINCULACION FAMILIAR CON LOS LLANILLOS Y SUS GENTES

Mis abuelos maternos Francisco y Gregoria eran de Los Llanillos, allí vivieron con sus hijos hasta mediados de los años veinte, cuando le compraron a D. Ricardo Diaz la casa de El Hoyo y la finca de La Montaña, pero el grupo familiar mayoritario para ellos eran las gentes de Azofa y Los Llanillos, donde además conservaba propiedades y su propia casa que no vendió hasta muchos años después. Como su casa en El Hoyo estaba situada junto al camino de El Risco, principal via de comunicación entonces entre El Golfo y los pueblos altos de la isla , la gente al pasar siempre saludaban con afecto a mis abuelo y a mi madre , algunas veces subían a tomar agua o incluso a comer, y en sus mudadas con animales en transito con frecuencia había necesidad de dejardos a descansar en la noche para lo cual mi abuelo les ofrecía sus cuadras. Tambien la juventud de Los Llanillos, cuando acudían a misa, entraban a nuestra casa a cambiarse los calzados etc. Mi abuelo me llevaba de su mano muchas veces a Los Llanillos a visitar a su hermana Teresa, y a sus primos Miguel y Julio y algunos otros familiares, y siempre recuerdo las evidentes muestras de cariño de ellos hacia mi abuelo, y algunas veces tanto mis tias como m i madre lamentaban que su padre hubiese vendido la casa de Los Llanillos que era el escenario de sus primeros años de vida que tanto recordaban.

Quiso el destino, que en una verbena de víspera de Candelaria del año 1,962 me fijara yo en una jovencita de pelo negro, que me pareció distinta a las demás y a la cual invité a bailar dos veces en la noche, y me contó que era de Los Llanillos y que era la primera vez que asistía al baile, y curiosos fenómenos de la vida, aquella noche dos adolescentes hasta entonces desconocidos, estaban asistiendo sin saberlo al encuentro de su existencia futura juntos los dos, en el largo recorrido de una v ida en común a la que hemos arribado con la regocijante compañía de nuestros hijos y nietos, algo misterioso sin lugar a dudas, que nos ha hecho reflexionar sobre las relaciones humanas y de pareja, y el destino de las personas; es posible que en un ejercicio de fantasía pudiera pensarse que bastó el contacto físico de las manos al bailar y de la mano en la cintura, pues ningún otro acercamiento podía permitirse entonces, para que una corriente de energía espiritual y afectiva circulara entre los dos cuerpos, en ambos sentidos y diera como resultado el que mas nunca pudieran separarse, así es la vida, así ha sido siempre, y asì seguirá siendo.

Como consecuencia de nuestro matrimonio, yo volví a vincularme gustosamente con la gente de Los Llanillos y San Andrés, y siempre me he sentido como uno más entre ellos, al mismo tiempo que hemos inculcado a nuestros hijos y nietos a que sigan nuestro ejemplo, y también ellos sienten como propios a los pueblos de sus padres, pues si bien vivimos muy a gusto en Tigaday, conservamos para Los Llanillos y San Andrés un sentimiento muy especial, y esa circunstancia es la que me convoca año tras año a estar presente en La Fiesta de Los Llanillos.

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